martes, 12 de agosto de 2008

Loba Fénix

Permitidme que os cuente la historia de una preciosa loba blanca, que en Invierno recibió una grave herida cerca del corazón, de manos de un macho ibérico procedente de las llanuras del Este.

Tan profundo fue el zarpazo, que la loba perdió apetito y peso, y permaneció quieta en su cubil un par de meses, un tanto desorientada y pensativa.

Durante este tiempo, hembras de su manada cuidaron de ella, trayendo sabrosos conejos, apaciguando gruñidos y consolando llantos.

Hasta que un día, unos rayos de sol se abrieron paso a través de la boca de la guarida y una leve brisa trajo consigo una mariposa que se posó en su hocico, y ella salió y descubrió que Primavera y Verano habían llegado, y que la herida se había tornado cicatriz.

Sintió el irrefrenable deseo de aullar sin razón alguna, retozar, cazar sus propias presas, y sobre todo, sondear nuevos territorios y sensaciones.

Retomó buenas relaciones con algunos miembros con los que había tenido ciertos roces y encontronazos; apartó de su lado muchas de las cosas que absorbían su tiempo y energía sin dar nada a cambio, y asentó el contacto con nuevos ejemplares con los que compartir objetivos vitales.

Así fue como, no solo sobrevivió a ese Invierno, sino que salió fortalecida, más viva y dinámica que nunca, con las ideas más claras y haciendo realidad todo aquello que está en su mano y que siempre había dejado a un lado.

Si bien no sabemos que nos deparará el futuro, el presente hace ya que se tornó absolutamente delicioso para explorar...

2 comentarios:

Nancy Callahan dijo...

bonita metáfora ^^

(porque lo es...¿verdad?)

de todas formas, me ha parecido bonito ^^

Carlos Pérez dijo...

Bonita historia,que nos toca a todos.